Las Rutinas

Las rutinas

Hoy retomé la práctica de las páginas matutinas del programa de Julia Cameron en su libro El Camino del Artista.

Elegir desarrollar una rutina es complicado en nuestros días. Tantas opciones, tantas propuestas… y no sé si a ti te pasa, pero tanta información a veces me congela.

Hay tanto de dónde elegir: el club de las cinco de la mañana, leer, escribir, hacer ejercicio, tomar agua con limón, tomar agua con bicarbonato y limón, agregar colágeno, no… mejor grenetina, no… mejor cocoa.

Mi mente se satura y me cuesta decir: esto sí es para mí y esto es lo que quiero hacer. Porque cuando elijo una cosa, inevitablemente dejo otra de lado. Y si además paso unos minutos en redes sociales, aparecen veinte consejos nuevos que prometen cambiar mi vida.

¡Qué agobio mental!

Mientras escribía esta mañana pensé en mis alumnos. Si para nosotros, los adultos, resulta difícil construir una rutina en medio de tanto ruido, ¿cómo será para un niño que apenas está descubriendo cómo funciona el mundo?

Quizá por eso las rutinas son uno de los mayores regalos que podemos ofrecerles.

Los niños no necesitan que cada día sea una sorpresa. Necesitan saber, dentro de lo posible, qué viene después. Su sistema nervioso, lo necesita para poder funcionar y aprender.

Cuando un niño sabe de antemano cómo transcurrirá su día, encuentra un orden que le transmite tranquilidad. No necesita invertir tanta energía intentando descifrar qué ocurrirá a continuación y puede dedicarla a lo que realmente le corresponde que es jugar, aprender, crear, explorar y relacionarse con los demás.

La estructura no está peleada con la libertad. Al contrario. Una rutina bien construida ofrece un lugar seguro desde donde los niños pueden crecer con confianza.

Hay que tomar siempre en cuenta que cada familia tiene una rutina distinta y que cada niño es diferente.

Hay niños a los que yo llamo, niños de la mañana o como decimos también morning person. Se despiertan con energía y están listos para actividades que requieren mayor concentración. Otros no son niños de la mañana para nada y necesitan un inicio más lento y pausado, su mejor momento es después de unas horas o muchas veces después de desayunar.

Observar es la clave, nuestros hijos nos darán las claves y nosotros hacemos los ajustes y planteamos la estrategia. Prueba y error es lo ideal, no la rutina perfecta. Siendo honestos y prácticos la mejor rutina no es la más organizada ni la más bonita.

Es la que hace sentido a nuestra familia y respeta el ritmo de quienes la viven.

Hacer un mural con imágenes de su rutina puede ser muy positivo. No es necesario que ya sepan leer, podemos hacer los dibujos con nuestros hijos. En este link puedes encontrar algunas imágenes que pueden servirte para este mural. Construye el mural con tu hijo y déjalo que dibuje, puedes laminar las imágenes y cambiar el orden hasta encontrar el ideal, añadir o quitar lo necesario.  

Levantarse, ir al baño, lavarse los dientes, vestirse, desayunar, preparar la mochila y salir de casa. Suena bien, a mí me resulta mucho más fácil establecer una rutina con mis pequeños si les explico el objetivo de cada actividad. Platica con tu hijo y cuéntale un cuento sobre las rutinas. (libro de rutinas) saber para qué y por qué se hacen será más fácil para ellos y sabrán lo que se espera de ellos.

Ya eres una pequeña de tantos años, ya puedes vestirte sola así que después de desayunar, vas a vestirte.

Una vez los pequeños saben lo que se espera de ellos participan con más energía y promueve su autonomía. Esto además te ahorra el que cada mañana tengas que dar la lista de instrucciones una y otra vez.

Esto hará que las rutinas no sean rígidas y que sean mucho más positivas. Recuerda ser flexible y adaptarte a los cambios del día a día. Siempre surgen eventos, vacaciones, enfermedades, visitas inesperadas, fines de semana diferentes, días de escuela o de descanso y está bien enseñarlos a adaptarse al cambio.

Buscamos una rutina que ofrezca suficiente estabilidad para que nuestros hijos sepan que hay un orden, que hay adultos que los acompañan y que su hogar es un lugar predecible y seguro.

Porque cuando un niño se siente seguro, tiene espacio para hacer lo que mejor sabe hacer, crecer, aprender y disfrutar de ser niño.

Una invitación para observar

Hoy no intentes cambiar toda la rutina de tu pequeño.

Solo observa.

¿En qué momento del día tu hijo está más tranquilo?

¿Cuándo necesita más tiempo o más apoyo?

¿Qué parte de la rutina disfrutan más como familia?

¿Hay alguna actividad que siempre genera tensión y que podrían reorganizar?

¿Qué podría hacer por sí mismo si tuviera un apoyo visual?

¿Qué pequeño cambio podrían mantener durante dos semanas antes de intentar otro?

A veces las mejores rutinas no nacen de hacer más cosas, nacen de observar a nuestros hijos.

La rutina no es control, es guía y entrenamiento para la vida. Es además la base de una disciplina sana basada en promover aprendizaje y crecimiento.

Patricia Gimenez, M.Ed.

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