No recuerdo la última entrada que escribí en Just for Teachers o en Aprender para Educar. La vida me agarro por sorpresa y dio un giro total. Desde las cenizas poco a poco con amor y cuidado vuelvo a renacer. Escribí hace muchos años acerca de cómo los campeones, los triunfadores de la vida deben siempre tener tres pilares importantes. Uno el trabajo, otro la familia y otro las amistades. Si uno falla, los otros dos lo mantienen de pie. En mi caso mis pilares colapsaron, aunque los tres existían, los tres se mantenían por la pasión y el amor que contagiaba a las otras. Diríamos coloquialmente que me revolcó una ola, aunque sinceramente no creo nunca encontrar las palabras exactas y precisas que describan el dolor y la tristeza que trajo la perdida más grande de mi vida. En honor a este amor y esta pasión, a mis amados hijos y a todas las personas que se convirtieron en mis ángeles de vida les debo y me debo volver a hacer lo que para mí siempre ha sido fácil y natural, lo que me llena de propósito y alegría, enseñar.
Hoy más que antes me siento comprometida y entregada a compartir lo que he aprendido a lo largo de 30 años de maestra. Mi vida ha sido marcada, influenciada y enriquecida por todos los alumnos que he tenido, por sus familias, por todas mis compañeras y compañeros que me han enseñado y han sido pacientes conmigo.
Siempre hacemos la broma que nos convertimos en maestros para hacernos ricos, ¡JA! Por supuesto que nunca ha estado en nuestros planes. Nuestra profesión va más allá del aspecto económico, es importante para vivir (y para comprarles material a los alumnos), no es lo que nos mueve.
Ustedes no saben lo que siente el corazón de una maestra cuando encuentra la estrategia para llegar a un alumno y el alumno entiende, su cabeza hace click y se empodera en un segundo. Llegar a eso a veces es muy fácil cuando se tiene experiencia, cuando se tiene la estrategia adecuada, sobre todo cuando se tiene corazón porque siempre encontraremos la manera de lograrlo.
En esta semana en donde se muestra el amor y la gratitud a las maestras en Estados Unidos, mis alumnos decidieron hacerme rica y me regalaron muchos billetes de altas denominaciones como $1000000000 felices me veían poner cada billete en mi pizarra junto a mis tarjetas de cumpleaños que ellos me escribieron, me decían “Ms. Patricia ya eres rica” y yo decía ¡SI! Con sonrisa.
Si supieran que sí, ir cada día a trabajar se ha convertido en una medicina para mi alma. Cuando uno lo pierde todo y empieza a recoger los trozos uno a uno de su vida se vuelve más selectivo y solo recupera aquellos que hacen vibrar el alma de verdad porque esas pequeñas cosas como sus sonrisas, sus momentos click y enseñarlos a superar retos son las cosas que a mí me hacen millonaria del alma.
Sea esta la primera de muchas entradas en este nuevo proyecto de Habilidades Humanas.
Patricia Gimenez, M.Ed.
